domingo, 2 de octubre de 2016

Ataque parto


Sánchez quería pactar con los chavistas de Podemos, Puigdemont es rehén de los racistas de las CUP (¿dónde quedó el "moderado" Antonio Baños?) y el jefe de Podemos, Leniglesias, es  acusado de centralista por su socia andaluza.

Aunque me repita, debo insistir por enésima vez que en los sistemas políticos con competencia electoral no hay otra ley que el "juego del gallina", o lo que es igual, el loco gana y el cuerdo pierde..., salvo que se neutralice el macabro juego, como vimos ayer.   

Dejemos por un momento la actualidad y retrocedamos para ilustrar lo que nos ocurre al año 1935 en el que el teólogo católico Erik Peterson publicó un libro titulado "El monoteísmo como problema político" (Ed. Trotta, Madrid, 1999).

La intención del pequeño tratado era probar la imposibilidad teológica de la "teología política", tesis que dio pie años más tarde al Concilio Vaticano II, esto es, a una Iglesia católica subordinada al sueño laico del fin de la historia gracias a la democracia y el liberalismo.

Uno de los críticos más acerados de Peterson, el también teólogo Hans Barion, denominó al libro del primero "ataque parto" por cuanto liquidaba siglos de teoría y praxis teológica.

Pues bien, el intento de Sánchez de formar un Gobierno "transversal" con chavistas y separatistas que ha liquidado al PSOE de la Transición ha supuesto el "ataque parto" para la situación política española.

"Ataque parto" provocado por el factor constitutivo de los sistemas políticos contemporáneos: el "juego del gallina". Esa absurda competición entre los políticos por ver cuál de ellos frena más tarde ante la inminencia del abismo, por cuanto el ganador es el que niega el riesgo y se comporta siempre de manera irresponsable.* 

El 31 de mayo de 2015 publiqué un artículo en este blog donde, disculpen la autocita, vaticinaba lo siguiente:

         "Por desgracia ningún país está libre de tener que afrontar a lo largo de su historia  partidas decisivas del "juego del gallina", aquellas donde uno de los jugadores no teme el suicidio en su lucha por ganar.          
       Lamentablemente España tendrá que jugar una en los próximos meses. Y habrá que jugarla para neutralizarla.  

     Como en toda gran competición sólo habrá dos bandos.

    Uno lo integran los Populistas que se consideran Ilustrados, que ya están organizando su Frente Popular, que no es más que una Gran Coalición de izquierdas.

     El otro grupo estará formado por los enemigos de  aquéllos, que conformarán otra Gran Coalición, en la que no faltará el PSOE aunque Pedro Sánchez aún no lo sepa o finja no saberlo".


Durante más de un año se ha intentado evitar jugar la diabólica partida intentado atraer al loco al redil mediante la absurda táctica de introducirle en las instituciones (pacto en el Ayuntamiento de Madrid y en distintos gobiernos autonómicos y locales).

Me atrevo a utilizar la palabra "absurda" porque el irresponsable se retroalimenta: cuanto más consiga, cuanto más poder acumule, con más urgencia quiere TODO. Y es que la dinámica del "juego del gallina" no tiene fin..., hasta que uno de los jugadores termina en el precipicio o se neutraliza el juego.

Como decía el gran escritor político italiano Carlo Gambescia también en este blog a cuenta de los políticos insensatos, "la política siempre se venga".

Y ayer se vengó a modo de Sánchez, el que desató el "ataque parto" jugando una auténtica partida del "juego del gallina" como forma de vencer a Rajoy y a los críticos de su partido, que acabó en su muerte política.

Sánchez, después de meses de parálisis tomó la decisión de iniciar el Gran Juego: el PSOE encabezaría el Gobierno de los podemitas con el apoyo de los separatistas en la creencia de que él podía evitar el abismo que le auguraban sus barones y el PP. 

Su planteamiento no dejaba lugar a dudas: llevaré el coche (el PSOE) hasta un centímetro antes del abismo (la ruptura del país) y ganaré (el Gobierno de España). Y os aviso que si no lo consigo despeñaré el coche y yo con él.

Su intento de convocar un Congreso Extraordinario con el objeto de hacerse reelegir y tener carta blanca para poner en marcha su estrategia fue el punto de no retorno y el testimonio de que la apuesta de Sánchez iba en serio, de que la amenaza de destruir el coche si no le seguían era cierta.

La respuesta de los críticos de su partido pasará a la historia política de España.

Ante la evidencia de que la partida había que jugarla, de forma inopinada los patriotas del PSOE no secundaron a Sánchez y dejaron que se suicidara él y reventara su coche. Porque el PSOE de Sánchez acabó ayer.

Lo fácil a corto plazo hubiera sido acompañarle en su viaje al abismo ante el riesgo inmediato de que el insensato destruyese el vehículo si no le apoyaban.

Pero de forma heroica, pues se opusieron a un líder elegido por la militancia, le dijeron que "no" a fuer de ser estigmatizados como golpistas.

Y Sánchez, estupefacto ante semejante osadía de sus compañeros, hizo caso a la recomendación de sus padres de que había que hacer honor a la palabra dada, cumplió su amenaza y se precipitó al vacío, destruyendo con él al PSOE del Gobierno transversal.

El PSOE con la "E" de España se salvó ayer, al menos de momento, pues el partido resultante del "ataque parto" es ya otra organización. 

Ya no es el PSOE de los separatistas ni de Podemos. 

Pero tampoco es el PSOE de la Transición, pues el "ataque parto" ha dado a luz un Partido Socialista dispuesto a formar de manera directa o indirecta una Gran Coalición con el PP, lo que ya fue vaticinado ¡en 2012!
El PSOE se ha visto en la obligación de jugar al gallina y ha pagado su precio: el conductor imprudente (Sánchez) ha muerto en el intento, y para sobrevivir el Partido Socialista se ha incorporado al coche del que antes era su enemigo (el PP). 

Sí Carlo. La política se vengó.

Y el "juego del gallina", ayer, perdió.

Pero habrá más partidas. Y habrá que ganarlas.


Juego del gallina: Comprenderán al instante a lo que me refiero si recuerdan a James Dean en “Rebelde sin causa” celebrar con otro joven una carrera de coches en dirección al vacío de un acantilado. El motivo de la disputa era acreditar quién era el más valiente, y el ganador resultaba ser quien frenaba más tarde, el último que se arrojaba del coche justo al límite del precipicio. El que tomaba antes la prudente decisión de parar era el perdedor, "el gallina”.


twitter: @elunicparaiso


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