Después
de analizar en los dos artículos precedentes qué es el Movimiento 15-M y las
reformas que propone la clase intelectual más empingorotada para que pasemos a
otro régimen peor que el actual, es decir, más estatista aún; puede quedar la
impresión que los españoles son o se han convertido en un pueblo manso,
borreguil, incapaz de aspirar a la libertad política, sin fuerza para levantar
la voz a sus múltiples amos, salvo para pedirles una sumisión más confortable.
Antes
de que podamos verificar ésta intuición es necesario que distingamos dos
conceptos: legalidad y legitimidad.
Los
dos términos no siempre tuvieron significados distintos, pues cuando la única
ley era el derecho basado en inmemoriales usos y costumbres, gobernante
legítimo era el que cumplía las leyes vigentes, bondadosas en tanto antiguas,
pues si habían pasado el fielato del tiempo era por su maridaje con el sentido
común, más allá de las vicisitudes de la historia.
Sin
embargo, con la aparición del Estado y su “acorazada legislativa”, la legalidad
se disoció de la legitimidad. Es decir, la ley (entendida ahora como la legislación
estatal) puede ser justa (legítima) o no (ilegítima).
Un
ejemplo: el aborto, o el matrimonio gay, en España es legal, y simultáneamente es
considerado ilegítimo por partes no desdeñables de la población.
Pero
puede ocurrir una cosa más: que un comportamiento generalizado sea ilegal pero tenido por
legítimo entre el pueblo. Véase el fraude fiscal.
Tenemos
al toro en el ruedo. ¡A la faena!
Según
Gestha, el Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda, el fraude fiscal
ha dejado sin efecto la subida del IVA de 2010, (subió
del 16% al 18%) puesto que Hacienda
recaudó por el referido tributo un 5,4% del PIB en 2011, cuando
en 2010 la recaudación fue del 6%.
Esto
sólo es un detalle de una situación bien definida: según datos que se dieron a
conocer el pasado 6 de Junio basados en dos informes (Taxation trends in the European Union y Tackling undeclared work in 27 EU
Member States) España ocupa las peores posiciones por
recaudación por IVA en la UE de 27 socios. Mejor dicho: es el último. Malta, un ejemplo, con tipos
iguales o inferiores a los españoles es el décimo.
En
cuanto al Impuesto de Sociedades, el tipo nominal es del 30%, lo que nos coloca
en el quinto puesto del ránking UE-27. Pero en recaudación está de los últimos (puesto 22).
¿Qué
nos dicen éstos datos respecto a la idiosincrasia de los españoles en sus
relaciones entre ellos y con el Poder?
Yo
diría que identifican dos rasgos. El primero, indiscutible, que muchos de
nuestros compatriotas son insolidarios respecto a sus semejantes que pagan sus
tributos conforme a ley, y el otro que también gran número de ellos tienen al
Estado por ilegítimo y no se arredran ante éste, por muy legal que sea.
En
resumen, gorrones y rebeldes a los mandatos de la autoridad.
El
hecho social de la defraudación al Estado es un correlato del Poder fiscal de éste, por
cuanto todo Poder crea su resistencia.
Pero que el fraude fiscal sea masivo a fuer de
cotidiano refleja un grado de intensidad en la revuelta nada despreciable, pues no por casualidad se sitúa a la cabeza de Europa.
¿Pero
por qué se hace de esa manera?, ¿por qué la oposición al Poder se realiza de
manera egoísta?, ¿por qué no deponen a los gobernantes que saben corruptos y edifican
otro sistema mejor para todos?
Simplemente
porque el español no cree que la política, la “cosa pública”, sea un medio
idóneo para defender sus derechos o realizar la justicia.
El común la entiende como un oscuro manejo de individuos sin
escrúpulos a los que siendo necesario soportar, resulta más necesario aún engañar.
¡Qué
lejos de los españoles siquiera la aspiración a que nuestro sistema político haga
suya la teoría aristotélica del “justo medio”!
“Pero sin embargo votan mucho” –es posible que piensen ustedes-.
Sí, pero ello se debe a que la relación con la política es idéntica a la que se mantiene con la
religión: de la misma manera que afirmamos ser católicos pero permitimos que los
cepillos queden vacíos las escasas veces que se acude a misa, también votamos solicitando “dignidad y justicia” pero no nos aplicamos el cuento.
Para gran parte de los nuestros la participación democrática, la separación de poderes, eso de la "política con mayúsculas, no es otra cosa que la
micropolítica del fraude fiscal como hábito.
No,
España no arderá por los cuatro costados a consecuencia de una revuelta política.
No
a menos que el canibalismo de Estado pretenda recaudar todo lo que sus leyes fiscales
le permiten.
Por tanto el español sí es contestatario, pero lo es de forma peculiar, sin demasiados aspavientos, más bien de "aquella manera", bastándole con sus frecuentes regates al fisco que impiden a éste poder gastar más.
El buen gobierno -piensan nuestros prójimos- es un asunto de charlatanes que lo ven todo muy fácil.
La revolución se la prestan a la intelectualidad mientras ellos puedan seguir defraudando al Estado Caníbal y Fiscal.
El buen gobierno -piensan nuestros prójimos- es un asunto de charlatanes que lo ven todo muy fácil.
La revolución se la prestan a la intelectualidad mientras ellos puedan seguir defraudando al Estado Caníbal y Fiscal.
twitter: @elunicparaiso